CALLE BAILEN


La calle de Bailén se llama así en memoria del un pueblo de Jaén donde el 19 de julio de 1808 las tropas españolas vencieron a las francesas, Esta calle va desde la plaza de España a la de San Francisco.

En el siglo XVIII se llamó calle Nueva, la que va a Palacio, se encuentra, formando esquina con la plaza de la Marina Española, el palacio del conde de Floridablanca, construido en tiempos de Carlos III por Sabatini. En 1826 pasó a ser la sede de los ministerios de Hacienda, Guerra, Justicia y Marina, y, a partir de 1846, sólo de Marina. Después fue Museo del Pueblo Español y, en la actualidad, acoge al Instituto de Estudios Políticos. En la otra acera se levantaba el enorme edificio de las Caballerizas Reales, lugar hoy ocupado por los jardines Sabatini, trazados con un estilo mixto, entre escurialense y neoclásico, en homenaje a este arquitecto italiano Las Caballerizas Reales fueron edificadas por Sabatini por encargo de Carlos III. Constituían un verdadero pueblo, con varios patios interiores, fuentes de agua potable, habitación para multitud de empleados, enfermería, una capilla dedicada a san Antonio Abad, fraguas, cuadras, cocheras y almacén de aparejos para lacayos, animales y coches. Había sitio suficiente para 179 carruajes y 500 caballos, yeguas o mulas. Con la llegada de la Segunda República, el palacio dejó de ser residencia real y las caballerizas perdieron su utilidad. Fueron derribadas en 1932.La calle de Bailén continúa y pasa ante Palacio, levantado donde antiguamente estaba Alcázar; ante la Almudena, por fin catedral de Madrid, y deja atrás la plaza de Oriente.

En los jardines de la parte izquierda, frente a la plaza de la Armería, podemos ver el busto de Mariano José de Larra. En estos terrenos estuvo el palacio de doña Ana de Mendoza, princesa de Éboli. Era la princesa de una belleza inigualable, a pesar de ser tuerta y llevar siempre tapado el ojo con un rombo de seda negra o de encaje. El ojo lo perdió cuando era pequeña se empeñó en practicar el deporte de la esgrima sin máscara ni protección alguna. Don Ruy Gómez de Silva, su esposo, gentil hombre de cámara con Felipe II y miembro de los Consejos de Estado, la introdujo en la Corte, llegando a ser dama de honor de Isabel de Valois, tercera esposa del rey. Pero su verdadero protagonismo se puso de manifiesto a partir de 1573, cuando su marido muere y, tras permanecer años en el convento carmelita de Pastrana, regresa a la Corte y se instala en su antiguo palacio. Aquí empieza una historia que iba a acabar en tragedia. La leyenda cuenta que Felipe II estaba enamorado de la princesa Éboli, pero también su  secretario Antonio Pérez. Con éste, doña Ana participó además en numerosísimas intrigas en palacio.


En 1578, Juan Escobedo, secretario de don Juan de Austria, fue hallado muerto a estocadas por sicarios pagados por Antonio Pérez, al parecer, sabía demasiado de los amores y de los turbios manejos de la pareja e intentó chantajearlos. El escándalo fue tan grande que provocó la caída de Antonio Pérez y que Felipe II se viera obligado a encerrar a doña Ana en la torre de Pinto primero y después en la torre de San torcaz, para posteriormente consentir que viviese en su palacio de Pastrana, donde siguió visitándola en secreto. Más tarde tomaría medidas más severas, internándola en el torreón oriental de ese palacio, en la sala conocida como "de la reja", sólo se podía asomarse una hora al día. Allí estuvo muchos años, hasta su muerte en el año 1592. Está enterrada en la cripta de la colegiata de Pastrana.


En el cruce con la calle Mayor, antiguamente que allí se alzaba la iglesia parroquial de Santa María la Real de la Almudena, lamentablemente demolida en el año 1868 para ampliar la calle. Era la más antigua de la Villa, construida aprovechando muros y cimientos de la mezquita principal del Madrid árabe. En su interior destacaba la capilla adosada de Santa Ana, erigida en 1542 por Juan de Vozmediano, secretario de Carlos I. De estilo renacentista, muy similar a la capilla del Obispo de la plaza de la Paja,  Tres famosos cuadros colgaban de las paredes de esta iglesia: el popularísimo San Antonio el Guindero, que hoy está en Santa Cruz; El milagro del pozo, de Alonso Cano, con la representación de san Isidro sacando de las aguas a su hijo Illán, expuesto en la actualidad en el Museo del Prado, y La Virgen de la Flor de Lis, ahora en la cripta de la Catedral.



Sí nos ponemos en la otra esquina, igualmente a la izquierda y enfrente, antiguamente a Santa María, el palacio de don Cristóbal Gómez de Sandoval, duque de Uceda e hijo del duque de Lerma, y como su padre era apreciado por Felipe III. Que al morir Francisco de Mora, en el año 1608, fue sustituido por su sobrino Juan Gómez de Mora.  Dio orden para la posterior arquitectura  del palacio, y aunque ha sufrido reformas que empobrecen su aspecto inicial, como la desaparición de las torres angulares (por un incendio en el siglo XVIII y la sustitución de la cubierta de pizarra por tejas, lo único que se conserva intacta, es
la fachada, muy sencilla y elegante, en ladrillo, con granito en cimientos, Este palacio fue adquirido por el Estado en 1717, para sede de los Consejos Supremos de Castilla e Indias, Órdenes Militares y de Hacienda, Tesorería General y Contaduría Mayor. Extintos estos departamentos, este edificio alberga en la actualidad al Consejo de Estado y a la Capitanía General Militar.


Seguimos paseando por la calle de Bailén a través del Viaducto, una de las construcciones más considerables realizadas en Madrid en los últimos siglos y que sirve de unión con el barrio de Morería, y termina en la plaza de San Francisco.

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